Etiquetas
Abdul Bashur, Alvaro Mutis, Colombia, Elena Poniatowska, Gabo, Gabriel García Márquez, Ilona, Lecumberri, Maqroll el Gaviero, Tramp Steamer
Suelo llegar a un autor para mí desconocido por las referencias de otros a quienes considero muy buenos. Y de esta forma uno no se suele equivocar, ellos no se equivocan. Así llegué a Alvaro Mutis, autor de la saga Empresas y tribulaciones de Maqroll el Gaviero. Encontré por entonces un libro que me llamó la atención, Cartas de Alvaro Mutis a Elena Poniatowska, donde se recoge parte de la correspondencia que mantuvieron cuando aquél estuvo en la cárcel de Lecumberri, en Méjico, y en el que la escritora mejicana hace una magnífica introducción sobre la figura de Alvaro Mutis. Desde ese momento quedé interesado en el escritor y deseando leer su gran obra, la saga compuesta de siete novelas que constituyen el objeto de este post. Pasado unos meses lo pude hacer y disfruté con una literatura grande, rica y densa. De aventuras, de la vida, de las amistades, de la naturaleza humana.
Sin embargo no me parece posible escribir sobre Maqroll el Gaviero sin hablar de su autor, de Alvaro Mutis. Sin conocer un poco de su vida no es fácil entender todo lo que encierra El Gaviero. Y es que Maqroll el Gaviero es el álter ego de Alvaro Mutis. Todo el mundo de Mutis transportado a su genial obra en forma de novelas de aventuras.
Sobre Alvaro Mutis
Nació en Bogotá (Colombia), el 25/8/1923. Con sólo dos años de edad viaja con sus padres a Europa, Bélgica, debido a la profesión de diplomático del padre. Por tanto vive su juventud en Europa y estudia en un colegio de Bruselas. Cuando tenía ocho años murió repentinamente su padre, debiendo volver su madre a Colombia, su tierra natal. Se instaló en una finca heredada de su padre, la finca Coello, en el
Departamento de Tolima. Alvaro siguió estudiando en Bruselas, pero no llegó a terminar el Bachillerato y debió volver a Colombia por los problemas económicos de su madre. Allí se volvió a matricular para intentar sacar el Bachiller pero las matemáticas y demás “pequeñeces” no le interesaban en absoluto. Nunca lo sacó, sólo le interesaban los libros de historia, de viajes y literatura.
Hasta ese momento su tierra natal era simplemente un lugar de vacaciones, un lugar que a donde ir y volver era toda una aventura. Barcos, trenes, mulas, carruajes… Pero Alvaro Mutis se fue enamorando de esa tierra caliente del trópico, de sus hombres recios, de sus mujeres poco recatadas, de las plantaciones de café y plátano, de los aguaceros que lo pudren todo, hasta el punto de decir: “Todo lo que he escrito está destinado a celebrar, a perpetuar ese rincón de la tierra caliente del que emana la substancia misma de mis sueños, mis nostalgias, mis terrores y mis dichas. No hay una sola línea de mi obra que no esté referida, en forma secreta o explícita, al mundo sin límites que es para mí ese rincón de la región de Tolima, en Colombia”. Por tanto su juventud y sus años de aprendizaje discurrieron entre los dos continentes, viajando mucho y empapándose de historia y cultura, lo que tendrá reflejo posteriormente en toda su obra. La familia terminó perdiendo la finca de Coello a raíz de una toma insurgente, lo que le llenó de pesar y nostalgia.
Se casó pronto, a los 18 años, tuvo tres hijos y se buscó la vida mediante empleos muy variados. En emisoras de radio, relaciones públicas, empresas de seguros, vendedor de publicidad, representante de empresas multinacionales etc. Dirigió un programa literario en la radio, al tiempo que leía a todos los clásicos. En la Compañía Colombiana de Seguros entró a formar parte de la redacción de su revista, en la cual publicó sus primeros testimonios literarios de sobre distintos autores. Y llegó a petroleras, como la Standard Oil y la ESSO, viajando continuamente por todo el mundo. En la ESSO le encomendaron una labor social para lo que disponía de un presupuesto elevado. Y él lo cumplía, pero a su forma. Empleó sumas importantes en estrafalarias actividades culturales y la compañía lo demandó, debiendo huir a Méjico para escapar de la justicia.
Su actividad cultural y relaciones sociales
Sus relaciones sociales, casi siempre en torno al mundo de la literatura y el periodismo, y en general con lo más destacado de la intelectualidad colombiana, se iban ampliando. Alvaro Mutis era una persona afable, sociable, generoso con sus amigos, optimista, risueño. Ideal para organizar fiestas, un empedernido y brillante jugador de billar, un experto a la hora de elaborar cócteles, presumía de ello diciendo que los hacía mejor que Ernest Hemingway. De forma que se relacionaba fácilmente con lo más florido de la sociedad colombiana, incluso era muy amigo de los críticos literarios.
Y en esa brillante sociedad colombiana había alguien por encima de todos: Gabriel García Márquez, que se convirtió en su amigo más íntimo. Una amistad de por vida que jamás tuvo el más mínimo altibajo y que llegaba a extremos como que Alvaro Mutis era a la única persona a quien Gabo daba a conocer los capítulos de Cien años de soledad conforme los iba escribiendo desde su encierro. Y eso a pesar de ser tan distintos. Por su origen, Gabo hijo de un humilde telegrafista, mientras que Mutis lo era de un diplomático. A Gabo le preocupó siempre la realidad social de su país, mientras que a Alvaro Mutis le preocupaba poco. García Márquez tomó parte en los temas políticos, como es bien sabido, mientras que a Mutis le daba asco la política, jamás votó en unas elecciones, sólo era irracionalmente monárquico. Gabo escribía para poder vivir, mientras Mutis vivía para poder escribir…
Alvaro Mutis era un gran melómano. García Márquez frecuentaba la sala de música de la Biblioteca Nacional de Bogotá, donde leía ávidamente. A las cuatro en punto de la tarde entraba cada día «un melómano insufrible, de nariz heráldica y cejas de turco, con un cuerpo enorme y unos zapatos minúsculos como los de Buffalo Bill». Era Mutis, que cada día pedía el concierto para violín de Mendelssohn, que Gabo aborrecía y que años más tarde se lo confesaba. El artículo de García Márquez en Semana, de fecha 22/9/2013 lo resume todo: Mi amigo Mutis.
Cuando García Márquez se fue a vivir a Nueva York, Alvaro Mutis trató, y consiguió, que se trasladara a Méjico, donde fue su gran embajador. Allí escribiría Gabo Cien años de soledad. Estuvo presente, junto con otros amigos, en la ceremonia de entrega del Premio Nobel de Literatura a García Márquez.
Y ambos, García Márquez y Alvaro Mutis fueron grandísimos amigos de Alejandro Obregón, gran pintor colombiano, personaje de novela que se convirtió de verdad en personaje de novela de la mano de Mutis. Exquisito el artículo de Peio H. Riaño en El Confidencial sobre esta relación.
Méjico y Lecumberri
En 1956 Alvaro Mutis tiene que exiliarse a Méjico, dejando atrás a su mujer y tres hijos, debido a sus problemas con la justicia, derivados de su empleo en la ESSO y sus delirios líricos y gastronómicos. Organizó con los fondos sociales de que disponía una gran comilona para sus amigos escritores y artistas. En Méjico, que hace su definitivo lugar de residencia, le esperan grandes amigos, lleva cartas de presentación para Luis Buñuel y el productor Luis de Llanos, que pronto le encuentran trabajo en una agencia de publicidad.
Como no podía ser de otra forma, enseguida se introdujo en la vida cultural mejicana, haciéndose gran amigo de los escritores más sobresalientes del momento, como Octavio Paz, Juan Rulfo, Elena Poniatowska o Carlos Fuentes. Elena Poniatowska dice de él lo siguiente: “Las risas se oyen hasta el Paseo de la Reforma. Alvaro Mutis, el poeta colombiano, hace su célebre imitación de Pablo Neruda. Recién llegado de Colombia, todos lo han recibido como al Mesías. Es el salvador de las fiestas. Baile que te baile, seduce a la duquesa de Altamira, a la Marquesa de Villamarciall… Junto a él nada es plano y nada le gusta tanto a una mujer como sentirse espuma. Mutis cuenta chistes, está al corriente tanto de los últimos movimientos literarios como de las tendencias pictóricas más modernas. Habla de Goethe, de Brigitte Bardot y de las Misas Negras. Y sobre todo ríe de oreja a oreja, hasta quedar exhausto. Declama en francés y dice adivinanzas en slang. Tiene una reserva de recuerdos de viajes verdaderamente inagotable…”
Cuenta Alvaro Mutis que en un momento dado empezó a sentir que un agente le seguí por la calle. Un día lo abordó y le dijo que lo iba a detener y deportar a Colombia. Sin embargo se hicieron amigos, hasta el punto de que le facilitó un pasaporte falso y Mutis llegó a ayudarlo en momentos de dificultad. Así pasaron tres años, hasta que en 1959 unos agentes lo detuvieron, al estar buscado por la Interpol, y terminó en la prisión de Lecumberri.
Lecumberri no era una cárcel cualquiera. Era una prisión construida a lo grande, donde los políticos pusieron todo su empeño en hacer algo fuera de lo habitual. El Palacio Negro de Lecumberri, como era conocido, donde cada día aparecía asesinado alguno de sus presos. Una cárcel llena de vida propia, donde sus moradores se organizaban en crujías y labores según su procedencia, estado o peligrosidad. Fueron 15 meses de cárcel muy duros, mientras se dirimía un proceso para decidir si se extraditaba a su país. Alvaro Mutis superó el miedo a la soledad de la celda y la angustia a las largas noches en las que podía ocurrir de todo. Aprovechó para leer, gracias a la magnífica biblioteca del penal. Releyó los siete tomos de En busca del tiempo perdido y tenía colgado en su celda una foto de Proust. Chateaubriand, Las cartas del prícipe de Ligne… Organizó montajes de teatro con sus acompañantes carcelarios y durante ese tiempo encontró entre sus compañeros un mundo de personajes, como salidos de las obras de Balzac. Y convivió y y se relacionó muy bien con ellos. En su Diario de Lecumberri relata las vicisitudes allí vividas y los personajes allí encontrados, como la muerte de su amigo “Palitos”, que se hizo muy querido para él y que fue asesinado por motivo de drogas.
El tiempo soportado en prisión cambió su vida y la forma de ver el mundo. Diría de ello que fue “una gran lección, que no quisiera volver a tener, pero que al mismo tiempo fue reveladora del hombre en su más brutal y absoluta verdad.” Y esa experiencia fue indispensable para poder escribir mucho más tarde su saga de Maqroll el Gaviero, que le daría fama universal. Como él mismo reconoció, sin el “carcelazo” de Lecumberri ninguno de los libros de la saga de Maqroll el Gaviero y casi toda su poesía posterior habrían existido.
Su obra literaria
En sus inicios Alvaro Mutis sólo escribía poemas, en verso o en prosa, pero siempre poeta. En 1948 escribió el cuaderno de poesías “La balanza”, que recibió algunas críticas, por lo que no volvió a publicar nada hasta cuatro años después. Fue “Los elementos del desastre”, que sí tuvo muy buena acogida en su país. Aquí ya se pone de manifiesto su visión apocalíptica del hombre en sus limitaciones y necedad. Y en esos poemas aparece por primera vez la figura de Maqroll el Gaviero. Desde muy pronto Mutis siente la necesidad de crear un personaje mundano mediante el cual expresar todo lo que sentía y llevaba dentro.
Después siguen “Los trabajos perdidos” (1965) y “Summa de Maqroll el Gaviero” (1973), donde se recogen poesías escritas desde 1948 a 1970. Y “Un homenaje y siete nocturnos” (1987).
Su visión de la literatura y de su país era pesimista. Decía que «la literatura es para mí una servidumbre dolorosa, y no siento por ella la menor simpatía. Me abruma un poco, por ejemplo, la agobiante montaña de literatura que producimos los colombianos y que nos oculta en muchos casos la miserable realidad de nuestra situación ante el mundo».
La primera obra en prosa fue “Diario de Lecumberri” (1975), tras su paso por la citada prisión. Pasan por él una galería de personajes que causaron impresión a Alvaro Mutis, como Don Abel, que parecía sacado de una novela de Balzac y respecto al que Mutis decía tener la inmensa suerte de haberlo conocido. O su querido amigo Palitos, chaval pequeño y débil, que no recordaba a su madre, y al que apuñalaron una noche en la crujía consecuencia de su necesidad diaria de droga.
Publica después “La mansión de la Aracaumia” (1978), Relato gótico de tierra caliente, como él subtituló, lleno de lujuria y voluptuosidad, que se desarrolla en una casona donde sólo pueden entrar sus seis moradores. Fue llevada al cine en 1986. En 1984 publicó “Los emisarios” y en 1987 “Crónica vieja y alabanza del reino”.
Cuando ya estaba jubilado, en 1986, a los 63 años, publica la primera novela de la saga que la da la fama mundial, “La nieve del Almirante”. Y en los siete años siguientes escribe las otras seis que conforman Empresas y tribulaciones de Maqroll el Gaviero. Hasta ese momento, aunque había recibido bastantes premios, no pasaba de ser un buen poeta y más conocido por ser el amigo íntimo de Gabriel García Márquez. A partir de ese momento le llega la gloria y la fama mundial.
EMPRESAS Y TRIBULACIONES DE MAQROLL EL GAVIERO
El personaje
Maqroll es el álter ego de Alvaro Mutis. Es el personaje que soñó desde muy joven para poder decir cuanto llevaba dentro. En sus primeras poesías aparece ya el nombre de Maqroll, al que le añade el sobrenombre del el Gaviero, de la gavia, la vela más alta del barco, desde donde todo se divisa. Maqroll es un aventurero, un navegante que conoce todos los puertos del mundo, aunque sus aventuras no siempre se desarrollen en el mar. Ha vivido mucho y se mueve cómodamente por los bajos fondos, conoce todos los prostíbulos, contrabandistas y a todo tipo de personajes. Conoce a los capitanes de todos los barcos, es amigo de todo el mundo, en cualquier parte de la tierra o de los mares hay alguien dispuesto a ayudarle y él siempre está dispuesto a emprender cualquier negocio por muy desquiciado que sea, si se lo ha pedido un amigo o alguna mujer que haya existido en su vida.
Maqroll es generoso, es leal, es desprendido. Y todo el mundo lo quiere, en cualquier aventura o negocio que inicie siempre hay alguien dispuesto a ayudarle, hasta dar su vida por él. Se mete en los negocios y aventuras más disparatados, es un Quijote de nuestro tiempo, un Quijote navegante y cuerdo, pero igual de soñador, que ha recorrido los cinco continentes y los dieciséis mares. La generosidad, la lealtad y la amistad son sus señas de identidad.
Siendo Alvaro Mutis natural de la sierra colombiana, de las tierras calientes del trópico, podría pensarse que las aventuras de su héroe se desarrollarían en ese ámbito, pero no. Hay que tener en cuenta que Mutis aprendió el francés antes que el español y que su formación se desarrolló en Europa. De forma que Maqroll es cosmopolita, su pasaporte, de dudosa legalidad, es chipriota pero él no se siente ciudadano de ninguna parte, es ciudadano del mundo, navegante de todos los mares.
Maqroll es querido por todas las mujeres. En cada aventura que emprende existe una mujer que se entrega al aventurero en cuerpo y alma. Pero verdaderos amores sólo hay dos o tres en su vida. El principal el de Ilona, que comparte con su amigo del alma Abdul Bashur. Aunque primero fue Flor Estévez, a quien le escribe una preciosa carta en La nieve del Almirante.
Pero también Maqroll es culto. En su hatillo siempre lleva libros y es un amante de la historia, Maqroll lee mucho. Rebosa sabiduría y conoce todos los rincones de su tierra, pero, también de Europa y de Asia. Tiene profundos conocimientos de las monarquías europeas, de sus procesos históricos y de sus batallas.
En sus aventuras se refleja la desesperanza, la derrota, lo inacabado. En el discurrir de su vida van quedando atrás amistades, amores, esperanzas, vidas truncadas. Sin embargo Maqroll siempre está dispuesto a empezar de nuevo, ama la vida y siempre está dispuesto a luchar por algo. Cuando su situación es desesperada siempre hay alguien que le ayuda y lo saca del apuro. Y vuelta a empezar. Maqroll es un filósofo de la vida.
La obra
Empresas y tribulaciones de Maqroll el Gaviero es un revuelto de aventuras siempre en torno a la figura de Maqroll y de su narrador, Alvaro Mutis. Utilizando una técnica muy particular, las aventuras se suceden una detrás de otra sin mucho orden en la vida del personaje. En las tres primeras novelas, de las siete que componen la obra, parece que el orden es natural. En la primera hay un narrador que parece que encuentra un diario de Maqroll pero que desaparece discretamente del relato. Sin embargo, al llegar a la cuarta, La última escala del Tramp Steamer, el narrador desciende al terreno de la acción y él mismo es un personaje más, de forma que es él, es decir Alvaro Mutis, quien conoce al vasco capitán Iturri con quien traba amistad y éste le hace partícipe de su bella historia de amor con Warda, la hermana pequeña de Abdul Bashur, el amigo íntimo de Maqroll. Y a partir de la quinta novela, el narrador va recuperando recuerdos de Maqroll, ya sea por correspondencia que va llegando a su poder o por otros medios, de forma que vuelve a contar historias que le suceden con personajes que en novelas anteriores ya habían desaparecido y la propia vida de Maqroll va dando saltos adelante y atrás sin problema alguno.
El colmo de la irrupción del propio Mutis dentro de la trama llega en la última de las novelas, Tríptico de mar y tierra, compuesta de tres aventuras. En la segunda, “Razón verídica de los encuentros y complicidades de Maqroll el Gaviero con el pintor Alejandro Obregón”, se disfruta de la aventura contada con maestría de ese pintor Obregón. Pura fantasía que se lee del tirón como toda la obra. Pero cuando uno se entera de que Alejandro Obregón fue un personaje real, gran pintor colombiano, íntimo amigo de Gabriel García Márquez y de Alvaro Mutis, produce, si cabe, mayor satisfacción por la genialidad del autor. ¡Ni siquiera se molestó en cambiarle el nombre!
¿Se podría pensar que la obra estaba concebida para contar la historia de Maqroll en las tres primeras novelas y después, a la vista del éxito que tuvieron, Alvaro Mutis lo alarga utilizando esa técnica? Sin duda, el proyecto inicial debió ser una trilogía, ampliada a la vista del rápido éxito mundial que tuvo. Pero el resultado es en todo caso brillantísimo y sabe a poco, desde la primera a la última de las siete novelas se cumple el principio que, según Stefan Zweig tiene que regir todo buen libro: el de mantener el nivel y arrastrar al lector hasta la última línea, sin dejar tomarle aliento. Eso sí, cada novela no pasa apenas de las 100 páginas, de forma que el conjunto de la obra puede tener alrededor de 700 páginas.
En definitiva, Empresas y tribulaciones de Maqroll el Gaviero es un torbellino de aventuras en torno al navegante, aventurero y filósofo que es Maqroll, de una calidad literaria extraordinaria y muy ameno e ilustrativo de leer.
El éxito que tuvo desde la publicación de la primera de las novelas, La nieve del almirante, fue muy grande y de ámbito mundial. Las tres primeras novelas fueron traducidas inmediatamente al francés, alemán, italiano, portugués, inglés y holandés. Y hoy, la obra completa, goza de reconocimiento universal.
La saga está compuesta de los siguientes títulos:
1986 La nieve del Almirante. El viejo lobo de mar se convierte en navegante fluvial, adentrándose en la selva, remontando el imaginario río Xurandó, en busca de unos aserradores donde trata de hacer un negocio de maderas con los ahorros que le encomendó su querida Flor Estévez.
1987 Ilona llega con la lluvia. A bordo del Hansa Stern llega a Panamá, donde queda atrapado al haber incautado la policía el navío por las deudas que acarreaba. En el momento de mayor desesperación aparece Ilona la triestina, su amante de por vida, con la que monta un singular prostíbulo. Hasta que aparece Larissa…
1988 Un bel morir. Donde Maqroll está a punto de perder la vida al inmiscuirse inocentemente en una trama de contrabando de armas.
1989 La última escala del Tramp Steamer. Una hermosa historia de amor acaecida al vasco capitán Iturri con la hermana pequeña de Abdul Bashur.
1990 Amirbar. En plena fiebre del oro el Gaviero se adentra en la selva colombiana en busca de la deseada mina, por cuyas galerías el viento produce ese sonido especial.
1991 Abdul Bashur, soñador de navíos. El relato de los sueños y aventuras vividos junto a su íntimo amigo Abdul Bashur, con el comparte incluso amante, Ilona la triestina.
1993 Tríptico de mar y tierra. Tres deliciosos relatos que terminan con Jamil, donde se pone de manifiesto la más tierna condición de Maqroll el Gaviero.
Premios y reconocimientos
Alvaro Mutis ha obtenido los siguientes premios o reconocimientos por su obra:
• Premio Nacional de Letras (Colombia), 1974
• Premio Nacional de Poesía (Colombia), 1983
• Premio de la Crítica, Los Abriles, 1985
• Comendador de la Orden del Águila Azteca (México), 1988
• Premio Xavier Villaurrutia (México), 1988
• Doctor honoris causa (Universidad del Valle, Colombia) 1988
• Orden de las Artes y las Letras, del gobierno de Francia en el grado de Caballero (Francia), 1989
• Premio Médicis Étranger (Francia), 1989
• Premio Nonino (Italia), 1990
• X Premio del Instituto Italo-Latinoamericano de Roma, 1992
• Orden al Mérito (Francia), 1993
• Premio Roger Caillois (Francia), 1993
• Gran Cruz de la Orden de Boyacá (Colombia), 1993
• Gran Cruz de la Orden de Alfonso X el Sabio (España), 1996
• Premio Grinzane-Cavour (Italia), 1997
• Premio Príncipe de Asturias de las Letras (España), 1997
• Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana (España), 1997
• Premio Rossone d’Oro (Italia), 1997
• Premio Ciudad de Trieste de Poesía (Italia), 2000
• Premio Cervantes (España), 2001
Alvaro Mutis es el primer autor en recibir los tres premios más importantes de nuestra lengua a una obra completa, El Reina Sofía, el Príncipe de Asturias y el Cervantes.
Epílogo
Leer Empresas y tribulaciones de Maqroll el Gaviero es una delicia. Sin embargo hoy en día no es sencillo de encontrar en librerías, y menos en una edición que no sea de bolsillo. Incomprensible!!